"Se
realizó el sueño de mi vida. Tuve el privilegio de ver
la defensa judía en toda su grandeza y gloria". Así dijo
el comandante de la rebelión en el gheto de Varsovia,
que confirmó el mito del heroísmo de unos pocos desesperados
contra la máquina de guerra nazi. Cuando estalló la Segunda
Guerra Mundial huyó de Varsovia pero retornó a ella para
organizar, junto a otros jóvenes judíos lo que después
sería la rebelión del gheto. Fue elegido el comandante
de la rebelión por sus compañeros de lucha. Sus fuerzas
le infligieron serias pérdidas a los alemanes que no esperaban
el levantamiento judío. Esta lucha desigual duró casi
un mes. En una de las últimas batallas cayó en el búnker
de la calle Mila 18, junto a sus compañeros de lucha.